martes, 23 de febrero de 2010

Mención II

Naufragar bajo la lluvia, bajo el incesante ritmo
de una gotera, ahogarse donde las grandes ciudades
se van de vacaciones,
y las pequeñas también.
Sentir explotar el pecho tras un grito a lo profundo
y sumergirse, hundir el cuerpo y la mente
donde los grandes espacios del invierno marino
empequeñecen ante la inminente marea humana.

Arrastrarse bajo el fondo del océano.

Los poetas se afanan en la reparación de los versos
de un barco que se hunde en el dique seco,
retorcido en un amasijo de hierros oxidados,
en un grito a lo profundo
de un océano al alcance del infinito.

Pascual Herrera

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