lunes, 16 de noviembre de 2009

Locutus: Primera parte

I
Todos permanecían atentos a la voz interior de Locutus. Fuera, el ronroneo de las máquinas acompasaba cada palabra que sonaba en sus mentes.
-Yo soy locutus, el asimilador universal, y ustedes mi instrumento.
Cuando Locutus se muestra, lo hace usurpando de identidad de Dixon Hill, un ser, al que Locutus muestra gris, reflejo de sus intenciones.
Fue al principio, cuando la humanidad miró por primera vez a su alrededor y empezó a hacerse preguntas sobre su entorno. Entonces, previsor del riesgo que suponía aquella curiosidad, decidió construir un elaborado plan, y levantó los cimientos, a los que llamó, de forma genérica, Miedo.

II
Después de instaurado el miedo, Locutus logró una gran victoria sobre la voluntad de la humanidad. Consiguió que de vez en cuando, todos aquellos que le temían, se alzaran en contra de los libre pensadores. Los recluyó, los torturó, quemó sus obras y sus cuerpos.

locutus afinaba con maestría su instrumento asimilador.

De aquellos cimientos surgió la base, y la llamó: Fe.

III
Oscuridad, miraba a su alrededor y hervía de felicidad al ver su obra. Todos le temían, la humanidad se había vuelto temerosa de Locutus, ya nada lo podía parar.
Ahora tenía que desarrollar una herramienta capaz de concentrar toda esa tristeza y no dejarla escapar, no podía permitirse cambios en el estado de ánimo de esos millones de infelices, no podía.

El instrumento daba muestra de su eficacia.

Una vez terminada la base, levantó las columnas, a las que llamó: Doctrina.

IV
Dixon Hill se puso como meta salvar a la humanidad. Preparó el viaje durante mucho tiempo, y puso hincapié en la salvación y la libertad del individuo, sin ataduras ni compromisos espirituales. La ley del hombre es la base de la convivencia.
Locutus interceptó el transporte de Dixon, cuando estaba distraido leyendo a Cavafis. Un golpe seco en la espalda y el libro fue arrancado de sus manos. Giró la cabeza desconcertado.
-¡Te tengo! -Gritó entusiasmado Locutus.
-¿Qué tienes?
-¡A ti, te tengo a ti! Soberbia hecha materia. No me recuerdas, y era un empleado de los tuyos.
-Yo nunca he tenido empleados.
-¡No! ¿Y aquél grupo de idiotas que se pasaba la existencia trabajando para hacer posible esa estúpida idea de liberar a la humanidad de sus propios límites intelectuales para que se unieran al al resto del universo?
-No es una idea, es un objetivo.
-Era un objetivo, porque ahora te tengo.
Encerró a Dixon Hill en uno de los módulos de su propio transporte y lo abandonó entre la nada y el todo.

Y miró lo que había construido con alegría y placer.

Cuando las columnas se habían asentado, le puso el primer techo a su obra, al que llamó: Ignorancia.

V
Ya no queda esperanza, no queda nada, hasta el paisaje ha dejado de ser y se ha convertido en nada, porque ya no queda esperanza. Un paso y otro, una mirada al vacío.
Aún suenan los gritos de dolor. Y el sonido de las máquinas que ronronean siguen acompasando el ruido de las palabras que suenan el las mentes de los supervivientes.
-Hubo para ello motivos plausibles- Se dijo a si mismo Locutus -La nada y el todo no es un estado de gracia, es la indefinición absoluta, donde la materia y las ideas se funden en el vértigo de los límites del infinito. Y eso ha de producir algún dolor.

-Yo soy Locutus, el asimilador universal, y ustedes mi instrumento.

Después de muchos días construyendo su obra, decidió descansar.


Pascual Herrera

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