miércoles, 18 de agosto de 2010

Olvidado

Golpeaba suavemente la frente en la mesa,
los puños en la mesa,
el orgullo caduco de un tiempo infame
y las largas noches de otoño.

Se apilaban en el suelo montañas de libros viejos,
de páginas amarillas que una vez,
o quizás nunca,
fueron el sueño de quien las sacó de su mente.

Gritaba suavemente en silencio,
con la mirada perdida,
el recuerdo de infinitas páginas no escritas
y las largas noches de otoño.

El ya apagado tic tac de un reloj de pared
no deja pasar el tiempo,
es un réquiem a la desesperanza,
al no tener donde estar ni a donde ir.

Se dejaba atrapar por la náusea,
con los puños aún cerrados,
con la frente apoyada en la mesa donde lloraba
en las oscuras noches de otoño.

Pascual Herrera

1 comentario:

Luicci dijo...

Si no fuera pretencioso, diría que fui yo en mis peores momentos, cuando no sabia lo que era bueno y lo que era peor… no, no fui drogadicto, solo una mente perturbada y a ratos torturada, aunque puedes ser penso-dependiente de tus propios ideales vitales… supongo… bueno, hoy no es un buen día, he dormido poco y tengo que afrontar una tarde de barbacoa, que no me apetece… que bien.

Un saludo

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