Las palabras permanecen confinadas, indefinidas,
se resisten a la repulsión de las fuerzas resultantes,
como elementos opuestos que se atraen a gritos,
como elementos opuestos que forman la materia,
como elementos opuestos, casi fundamentales.
Las palabras se unen para dar origen a los idus,
a lugares distintos, insospechados, casi inseparables;
hogar del miedo y la esperanza,
más allá de las nubes y la tristeza.
Pascual Herrera
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